El pequeño Tok
Cuando la luna llena esta en el cielo,
y la brisa silba entre las ramas,
meciendo las verdes hojas en su vuelo,
el pequeño Tok, se levanta.
Estira sus largos y delgados brazos,
con solo cuatro dedos al final de las palmas,
mientras retuerce su largo cuello
haciendo girar su cabeza calva.
Salta rápida y ágil mente,
desde el pero hasta la pradera,
oliendo constantemente,
por si es que alguien merodea.
Usa sus largos brazos y piernas,
para andar a grandes zancadas,
avanzando con tal ligereza,
que hasta envidiarían las hadas.
Sus ojos hundidos, pequeños y blancos,
divisan a la distancia unas tenues brazas,
que quedaron de la fogata de unos gitanos,
que por la pradera viajan.
Tok, con cuidado para no hacer ruido,
hasta las tiendas lentamente se arrastra,
mientras que sus agudos oídos,
escuchan una respiración suave y pausada.
Delante de sus ojos hay un niño,
que durmiendo alegremente sueña,
dando de rato en rato re soplos de risa
y en otros tantos pequeñas pataletas.
Tok, con sus ocho dedos puntiagudos,
acaricia la desordenada cabellera,
mientras lo observa con ternura
con sus pequeños ojos blancos como cera.
De un momento a otro y sin aviso,
abre su deforme boca torcida,
mientras que con los dedos finos,
le arranca los sueños al niño con ira.
Sale de la tienda rauda y sigilosamente,
sin que nadie se percate de lo que pasa,
y se va trotando rápidamente,
hacia el pero donde siempre descansa.
Sentado y seguro entre sus ramas,
se dispone a tragar el botín,
tiñendo de sueños sus ojos blancos,
dándoles un hermoso azul añil.
Ahora Tok con ojos soñadores,
puede hacer lo que tanto le encanta,
mirar a la luna llena de sus amores,
hasta que vuelva a llegar el alba.
“El pequeño Tok”